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La lengua del pueblo en la Valencia islámica: los muladíes y la pervivencia del romance valenciano hasta la conquista de Jaime I

La continuidad lingüística del Reino de Valencia anterior y posterior  a la conquista aragonesa de 1238

Juan García Sentandreu


Introducción

La historia lingüística de la Valencia islámica ha sido construida tradicionalmente sobre una idea apenas cuestionada: la población musulmana hablaba árabe y únicamente pequeños grupos mozárabes (cristianos) conservaron una lengua romance valenciana vernacula hasta la conquista de Jaime I en 1238. Sin embargo, esta interpretación plantea numerosas dificultades cuando se analiza la realidad demográfica, social y documental del Reino de Valencia.

En este trabajo defendemos una teoría distinta: la inmensa mayoría de la población musulmana valenciana estaba formada por muladíes, descendientes de la antigua población hispanorromana y visigoda convertida a lo largo de 5 siglos al islam, que continuó utilizando el romance valenciano como lengua habitual de comunicación, mientras el árabe quedó reservado principalmente para las funciones religiosas, jurídicas, administrativas y literarias. En otras palabras, sostenemos que la Valencia islámica vivió una situación de diglosia comparable a la que existió en gran parte de la Europa medieval, donde el latín era la lengua culta y el romance la lengua del pueblo.

Los muladíes: la continuidad de la población valenciana

La conquista islámica del siglo VIII no sustituyó a la población existente. Los contingentes árabes y bereberes fueron reducidos (10% de la población) y constituyeron una minoría dirigente. La inmensa mayoría de los habitantes del Sharq al-Andalus valenciano siguieron siendo los descendientes de la antigua población hispanorromana y visigoda asentada en esta tierra, que con el paso de las generaciones fueron aceptando el islam y recibieron el nombre de muladíes.

Cambiaron de religión, pero ello no implica necesariamente que abandonaran su lengua. La historia demuestra que las creencias pueden modificarse en una generación, mientras que las lenguas familiares permanecen durante siglos. Ningún proceso histórico conocido permite sostener que millones de personas abandonaran espontáneamente su lengua materna en apenas unas décadas.

Las jarchas: la prueba de la lengua popular

La principal evidencia sobre la que se apoya nuestra afirmación son las jarchas valencianas.

Las jarchas constituyen la manifestación literaria más antigua de una lengua romance hablada en territorio andalusí. No aparecen en obras cristianas, sino al final de moaxajas compuestas por poetas musulmanes y judíos. Este hecho resulta extraordinariamente significativo en Valencia. 

Las jarchas no estaban destinadas a una reducida comunidad cristiano-mozárabe aislada. Formaban parte de composiciones poéticas difundidas en la propia sociedad andalusí. Su eficacia literaria dependía de que el auditorio comprendiera inmediatamente sus palabras.

A nuestro juicio, esta circunstancia constituye una prueba de enorme valor. Ningún poeta introduce el momento culminante de una composición en una lengua desconocida para quienes la escuchan. Si las jarchas estaban escritas en romance valenciano es porque el pueblo entendía el romance valenciano.

Y ese pueblo estaba formado mayoritariamente por muladíes.

La conclusión resulta, en nuestra opinión, evidente: el romance continuaba siendo la lengua de comunicación popular tanto en muladíes como mozárabes mientras el árabe desempeñaba la función de lengua culta.

El árabe como lengua oficial

Nuestra teoría no niega la importancia del árabe. Todo lo contrario. El árabe era la lengua de la administración, de la religión, de la jurisprudencia, de la ciencia, de la poesía culta y de la documentación oficial. Era la lengua del poder, exactamente igual que el latín continuó siendo durante siglos la lengua jurídica y eclesiástica de la Europa cristiana. Pero sus usuarios  eran una minoría.

Pero una lengua oficial no tiene por qué coincidir con la lengua hablada por el pueblo.

La coexistencia de dos niveles lingüísticos constituye uno de los fenómenos más frecuentes de la historia. El latín convivió durante siglos con los romances peninsulares; el árabe clásico convivió con los dialectos árabes; el griego culto convivió con el griego popular.

En la Valencia islámica ocurrió exactamente lo mismo.

Jaime I no introdujo el romance valenciano ni el catalán 

Así las cosas, la conquista de 1238 adquiere un significado completamente diferente.

Jaime I no habría introducido una lengua nueva en el Reino de Valencia. Habría elevado a lengua oficial la lengua que ya hablaba la inmensa mayoría de la población autóctona.

La rapidez con la que el romance se convierte en lengua jurídica, administrativa y notarial resulta difícil de explicar si previamente hubiera sido una lengua prácticamente inexistente.

Los Fueros de Valencia: un argumento decisivo

Uno de los testimonios más reveladores se encuentra en los propios Furs de València.

Jaime I dispuso que jueces, médicos, cirujanos y físicos expresaran sus sentencias, diagnósticos y prescripciones en romance valenciano para que pudieran ser comprendidos por quienes iban dirigidos: el pueblo del Reino de Valencia.

Esta disposición carecería de sentido si la población únicamente comprendiera el árabe.

Pero existe todavía un testimonio de mayor importancia. El colofón latino del manuscrito medieval afirma:

Guillelmus et Vitalis, illorum Bernardusque sodalis, translaverunt hos foros et redigerunt in linguam planam legaliter atque romanam, et dominus rex laudavit iurandoque ratificavit.

Es decir:

«Guillermo, Vidal y su compañero Bernardo tradujeron estos Fueros y los redactaron legalmente en lengua plana y romana, y el señor rey los aprobó y los ratificó bajo juramento.»

Esta expresión merece una reflexión profunda. No dice simplemente que fueran traducidos «al romance». Dice expresamente in linguam planam atque romanam.

Es decir, a la lengua llana, comprensible para el pueblo, y al mismo tiempo romana, esto es, romance valenciano.

La identificación entre lengua plana y lengua romana demuestra que para los redactores de los Fueros existía una lengua romance perfectamente inteligible para la población del Reino.

Si apenas unos años después de la conquista los Fueros podían promulgarse en esa lengua para conocimiento general, resulta razonable preguntarse si realmente se trataba de una lengua recién llegada con los repobladores o, por el contrario, de una lengua que llevaba siglos hablándose entre la población autóctona.

La continuidad lingüística

Las jarchas, la continuidad demográfica de la población, el fenómeno universal de la diglosia y la decisión de Jaime I de oficializar los Fueros en linguam planam atque romanam constituyen, en nuestra opinión, un conjunto de indicios difícilmente compatible con la desaparición total del romance antes de 1238 y la teoría nacionalista y pancatalanista de que ante el vacío lingüístico la conquista aragonesa nos impondría el catalán, lengua que en el siglo XIII ni siquiera existía como tal ya que la lengua  de los 8 condados de la Marca Hispánica (hoy catalanes) feudatarios de Francia era el provenzal.

Por el contrario, todos estos elementos parecen apuntar hacia la continuidad de una lengua romance valenciana hablada por el pueblo durante el período islámico.

Conclusión

La historia de la lengua valenciana merece ser reconsiderada desde una perspectiva distinta a los estándares supuestamente  "académicos".

La islamización no implicó la desaparición del romance de Valencia. Los muladíes, descendientes directos de la antigua población valenciana, conservaron durante siglos su lengua familiar mientras utilizaban el árabe en los ámbitos religioso, administrativo, jurídico y literario. Las jarchas representan la voz de ese pueblo.

Los Furs de València muestran que, inmediatamente después de la conquista, Jaime I reconoció oficialmente una lingua plana atque romana destinada a ser comprendida por todos.

Nuestra teoría sostiene que ambas realidades forman parte de un mismo proceso histórico: la continuidad de la lengua romance valenciana entre la población autóctona desde época visigoda hasta la creación del Reino de Valencia, sin solución de continuidad. Si esta interpretación resulta correcta, Jaime I no implantó una lengua nueva; simplemente otorgó rango oficial a la lengua que el pueblo valenciano había conservado durante siglos: el romance o lengua valenciana. 

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