miércoles, 8 de septiembre de 2010

PAGAR CARAS LAS CONSECUENCIAS

¿Cuántas veces hemos escuchado de nuestros gobernantes autonómicos que nuestra Comunidad es líder en esto y en lo otro? La política de grandes eventos, que se nos vendió como la fórmula mágica para atraer divisas e inversiones, ha sido uno de los referentes de la política del Partido Popular de la Comunidad Valenciana. Es cierto que muchos nos ilusionamos e incluso nos llegamos a enorgullecer por acontecimientos de referencia que nunca se habían celebrado en nuestra tierra. Pero algo ha pasado que se ha escapado de nuestro control. Al final, la política no deja de ser una operación con un gran componente aritmético y con un resultado como cualquier suma, resta o multiplicación.

Acabamos de recibir la noticia que la Comunidad Valenciana vuelve a liderar el ranking de las autonomías más endeudadas y que el Ayuntamiento de Valencia, solo superado por el de Madrid, soporta una carga financiera mucho mayor que el de Barcelona y resto de consistorios de España.

Así las cosas, en el 2011 Valencia no va a poder endeudarse más, o dicho de otro modo, fruto del endeudamiento bestial que sufrimos, Valencia no va a poder pedir créditos en el 2011 para sostener toda su estructura política, burocrática y de servicios al ciudadano.

¿Qué salida les queda a nuestros gobernantes? O recortar sin miramientos los gastos y los servicios o subir los impuestos. O ambas.
A partir del 2011 los valencianos vamos a notar en nuestras carnes el resultado negativo de esta gestión. Sin endeudamiento estamos abocados a la pérdida de servicios públicos o, cuanto menos, a percibir su empeoramiento. Veremos irremediablemente como nos suben los impuestos, arbitrios y el coste directo del metro, del autobús, de la hora, la grúa, las multas, las tasas municipales de licencias, el recorte de personal….

Gobernar a base de créditos es muy sencillo y como la ciudadanía no percibe el lado malo de las cosas suele ser políticamente rentable hasta el momento de dejar en herencia ese endeudamiento a las generaciones venideras.

Si, como se nos había vendido, éramos o somos líderes en tantas cosas ¿Cómo es posible que todos los eventos y fastos nos hayan dejado este resultado ruinoso? ¿Estamos dispuestos a pagar tan alto precio y a asumir las gravísimas consecuencias sin que a nadie se pidan responsabilidades?

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