Benvinguts al blog de Juan García Sentandreu

"En politica, com en qualsevol atra empresa humana, lo important es tindre raó. Quels demés mos la donen a soles es questio de temps. Mosatros nos entregarem en constancia i entusiasme a omplir el temps de raó. De raó valencianista."

Les mes grans movilisacions

El 13 de juny de 1997 i el 27 de novembre de 2004 Juan García Sentandreu convocà les mes grans movilisacions populars en defensa de la personalitat valenciana arribant a juntar a mes de 500.000 persones.

Derogar l'Avll, una missio irrenunciable

L'Academia Valenciana de la Llengua creada per consens politic va supondre l'oficialisacio del català en la C.Valenciana per lo que debem de lluitar front ad esta com a missio irrenunciable del valencianisme.

L'identitat valenciana

"L'identitat i la llengua valenciana es un crisol de cultures i tradicions que devem de defendre com a part consustancial del nostre cos i anima valenciana."

La lluita contra el catalanisme

"Per a que el nostre Regne torne als millors temps de riquea i esplendor devem de llevarmos de damunt eixa pagina d'autodestruccio i negacio de lo valencià que supon el catalanisme."

sábado, 31 de marzo de 2012

REFLEXIO PER A AMAR I DEFENDRE LO NOSTRE

REFLEXIO PER A AMAR I DEFENDRE LO NOSTRE: EN L´HISTORIA EXISTIXEN DOS HEMISFERIS, el de la veritat i el de la mentira. L´historia seguix carregà de manipulacions, fabules i legendes. I a vegaes lo mes evident es la mentira. Quan amem a soles en lo cor podem equivocarmos. Per aixo, tot lo emocional hi ha que moderarlo en bones dosis de sentit comú; de templar el sentiment en lo racional; dependre a amar no a soles en lo cor sino en l´inteligencia. I per aixó es necesari l´estudi perque en ell no a soles sabrem mes sino que voldrem i amarem mes i millor.http://jgsentandreu.blogspot.com.es/2012/01/las-pruebas-contra-la-mentira-de-que.html

REFLEXIÓN PARA AMAR Y DEFENDER MEJOR LO NUESTRO: 
EN LA HISTORIA EXISTEN DOS HEMISFERIOS, el de la verdad y el de la mentira. La historia sigue cargada de manipulaciones, fábulas y leyendas. Y a veces, hasta lo más evidente es más mentira. Cuando amamos sólo con el corazón podemos equivocarnos. Por eso, todo lo emocional hay que moderarlo con buenas dosis de sentido común; templar el sentimiento con lo racional; aprender a amar no sólo con el corazón sino con la inteligencia. Y para ello es necesario el estudio porque con él no sólo sabremos más sino que querremos más y mejor.
http://jgsentandreu.blogspot.com.es/2012/01/las-pruebas-contra-la-mentira-de-que.html

viernes, 30 de marzo de 2012

PRUEBA Nº 23.- CATALUÑA (*) " A SANGRE Y RAPIÑA" CONTRA EL REINO DE VALENCIA


Jaime I, de Aragón y Valencia.


(*) ("Cataluña" en 1238 no existía como tal. Así lo hemos comprobado en anteriores pruebas y argumentos y estaba constituíia por 9 condados de la antigua Marca Hispanica Carolingia feudatarios del rey de Francia, San Luis IX, y del que era señor y conde de Barcelona  Jaime I. Era un territorio fronterizo francés, lindante con Aragón por el sur. En ellos se hablaba el provenzal o lemosín).

LA CONQUISTA DEL REINO DE VALENCIA. LOS CONDADOS “CATALANES” ABANDONAN A JAIME I  POR NO SER  BATALLA “A SANGRE Y RAPIÑA” Y HACE QUE LA CRUZADA DE VALENCIA SEA UNA EMPRESA MAYORITARIAMENTE ARAGONESA.

¿Cuántas veces hemos oído decir que los valencianos hablamos catalán porque en 1238, cuando Jaime I conquistó el Reino moro de Valencia nos trajo el catalán a través de sus huestes catalanas que colonizaron nuestro territorio?

Tal como veíamos en la prueba anterior, es absolutamente falso que la Conquista de Valencia fuera una empresa catalana, pues su titular, el Rey de Aragón y Conde de Barcelona, se las vio y deseó para contar con algunos nobles de los antiguos condados carolingios. La nobleza “catalana” de la Marca Hispánica bajo soberanía francesa tuvo que ser  “convencida” por Jaime I para que se sumaran a la cruzada de conquistar el Reino de Valencia mediante una bula papal por la que percibirían multitud de compensaciones y se les perdonaría sus “pecados de sexo” y “explotación y comercio con musulmanes”.

I.- EL REY CONVOCA CORTES EN MONZÓN PARA CONQUISTAR VALENCIA ( Octubre,1236)
Con esta finalidad, a mediados del año 1236 el rey Jaime I convocó Cortes en Monzón. A estas Cortes asistieron todos los prelados de Aragón y los de la Marca Hispánica (hoy Cataluña), los representantes de la Ordenes militares y regulares, nobles de la Marca y aragoneses, y los representantes de los concejos de Lérida, Tortosa, Zaragoza, Teruel, Daroca, Calatayud, Tarazona, Huesca, Jaca y Barbastro. En ellas el rey hablaba, por primera vez, de celebrar una cruzada assumentes crucem”.

El 5 de febrero de 1237, cinco meses después de las Cortes de Monzón, el papa Gregorio IX despachaba bulas para los arzobispos de Tarragona, Narbona, Arlés y Aix y al obispo de Barcelona, en las que concedía la misma indulgencia a los fuesen a la conquista de Valencia que la que recibían los que iban a Jerusalén. A los que habían hecho el voto de ir en peregrinación a Tierra Santa se le conmutaba dicha promesa por la entrega de una limosna para sufragar los gastos de la guerra. “Los incendiarios, azotadores de clérigos y comerciantes con musulmanes recibirían la absolución a condición de permanecer en el ejército hasta que se conquistase la ciudad”. Así lo relata D. Ramón  Menendez Pidal, en su Historia de España Tomo XIII – Capítulo III (edición 1996) .

La bula papal ordenaba al obispo de Barcelona y al procurador del arzobispo de Tarragona que exhortarían a sus fieles a que construyesen “fortificaciones, fosos y trincheras personalmente o a sus costas, ofreciéndoles una indulgencia añadida de treinta y un día más”. Todavía el siguiente 11 de febrero el Papa Gregorio IX escribía a San Raimundo de Peñafort para que convenciese al vizconde de Cardona de que cumpliese sus promesas y fuese a la conquista de Valencia, ofreciendo a cambio la “dispensa del impedimento de parentesco con la mujer con la que se había casado”.

Pero el propio Papa, que era perfectamente conocedor por sus ministros y obispos y por el propio Jaime I del carácter e interés de la nobleza catalana, que prefería una guerra a “sangre y rapiña” que una cruzada religiosa, ya advertía pues había muchos caballeros que –según una bula del mismo pontífice- procuraban impedir la “cruzada”, haciendo coaliciones y sociedades, y se prestaban juramento de mutua ayuda y defensa (bula de 9 de febrero de 1237 al obispo de Huesca).

II.- EL REY CONVOCA A SUS HUESTES EN TERUEL (Abril, 1237)
Advierte Menendez Pidal que, ante la ausencia del espíritu religioso, se podía asegurar que el éxito de la convocatoria de la hueste iba a ser mínimo. Efectivamente, según la Crónica, “solo acudieron a Teruel el 17 de abril de 1237 el caballero de la Marca Hispánica (hoy Cataluña) Guillén de Agulló, los nobles aragoneses Jimeno de Urrea, Pedro Fernández de Azagra (que era al mismo tiempo señor de Albarracín), Artal de Alagón y Pedro Cornel. De las Ordenes militares solo acudieron el maestre del Hospital y el comendador calatravo de Alcañiz, con sus huestes. Los concejos de la Marca Hispánica no acudieron, como tampoco los de Calatayud, Tarazona, Huesca, Jaca y Barbastro. En cambio se presentaron los concejos de Daroca, Teruel, Alcañiz y Castellote, llegando más tarde el de Zaragoza”.


El fracaso de la hueste real, motivado por las ligas nobiliarias catalanas contra la “cruzada”  y por la tardanza de la divulgación de las concesiones pontificias, sólo se fue resolviendo parcialmente cuando las promesas y compensaciones reales y papales se fueron conociendo. Solucionadas ambas, el rey inició un viaje de reclutamiento y constatación de con cuantas fuerzas contaba. El siguiente 12 de agosto estaba en Lérida, y –según la Crónica- fue por tierras de Tortosa, Barcelona, Lérida, Huesca y Zaragoza, datos confirmados por la documentación coetánea. Y de nuevo convocó a sus huestes y “cruzados” para el día 4 de abril de 1238 (fiesta de Pascua), en el Puig.

III.- EL PUIG DE ENESA O DE SANTA MARIA
Mientras el rey Jaime I permanecía al norte del Ebro, el rey valenciano Zayyan se enfrentó a las huestes aragonesas que ya estaban fortificados en el Puig, librando la batalla de Enesa el 20 de agosto de 1237.

Desde el castillo de El Puig de Enesa se controlaba el paso norte a la ciudad de Valencia, se podían traer vituallas por mar y se dominaban todas las poblaciones musulmanas o alquerías situadas entre El Puig y Valencia. Bernat Guillen d’Entença, tío de Jaume I y alcaide del castillo tuvo el encargo del rey de comandar toda la tropa cristiana en su ausencia. En este período, la tradición oral afirma que San Pedro Nolasco, cofundador de la orden de la Merced junto a Jaume I, descubrió un retablo de la Virgen de El Puig escondido bajo una campana en el mismo lugar en donde hoy se halla el altar de la iglesia medieval de El Puig. Históricamente afirma la Crónica latina de Jaume I que la Virgen de El Puig infundió un gran valor a la hueste del rey en la tarea de conquistar Valencia. Por ello, fue nombrada y venerada como Patrona de la Ciudad y Reino de Valencia después de la conquista de Jaume I.

Tras la marcha del rey a principios de agosto a intentar reclutar fuerzas de la Marca Hispánica, el rey Zayyan reunió un gran ejército compuesto por unos seiscientos caballeros y unos once mil hombres de infantería dispuesto a enfrentarse a un reducido ejército cristiano de unos 100 caballeros y unos 2000 soldados de infantería. Un preso que escapó de Valencia avisó, la noche anterior a la batalla, a Bernat Guillem d’Entença de los planes del rey musulmán, de modo que el alcaide y sus caballeros pudieron diseñar una estrategia para afrontar tan crucial batalla.

Esta batalla del Puig o de Enesa, que se produjo sobre el 20 de agosto de 1237, fue ganada por el ejército jaimino que comandaba Guillem d’Entença, a pesar de que era mucho menor en número. Una mentalidad como la del hombre medieval necesitó, para poder explicar tan asombroso hecho bélico, de la intervención de San Jorge, patrón de los cruzados que acompañaban a Jaime I.

A principios de enero de 1238, Jaume I se entera de la muerte de Bernat Guillen d’Entença, tío del rey, alcaide del castillo y vencedor de la batalla de El Puig que hizo patente la debilidad del ejército del rey Zayyan y que, por tanto, abriría las puertas a la conquista final de Valencia

Tras enterrar a Bernat Guillem d’Entença en el Puig, el dominico fray Pere de Lleida confiesa a Jaime I que la mayoría de los caballeros quieren abandonar el castillo de El Puig. Ante tal traidora noticia, el rey aragonés decide convocar a todos los caballeros en la iglesia de el Puig de Santa María, donde se ubica el altar actual, y jura ante la Virgen de el Puig que no pasará más allá de Teruel y del río Ulldecona (frontera física actual con Cataluña) hasta que conquiste Valencia.

El juramento ante la Virgen de El Puig, guía y patrona de toda la conquista valenciana desde su descubrimiento, llenó de valor a los caballeros de Jaume I. Por ello, a finales de abril de 1238, el rey decide ir a asediar Valencia. Y, el mismo día de la salida, el monarca junto a la reina, todas las órdenes religiosas, todos los caballeros y soldados, se encomiendan a la virgen de El Puig para que les guíe y proteja en la toma final de la capital del reino, que se materializó con la entrada triunfal el 9 de octubre de 1238.

IV.- CONCLUSIONES.- Valencia, la ciudad, tenía en ese momento, según los estudios de la historiadora Amparo Cabanes Pecourt, 2.985 casas y 18.000 habitantes censados que, unidas las alquerías y rahals (casas de campo árabes) de extramuros serían cerca de 24.000 habitantes que tenía la capital del reino moro de Valencia. Cabanes, que estudió los “llibres dels avehinaments” y “del repartiment” calculó que a final del siglo XIII la ciudad de Valencia llegaba a los 30 mil habitantes frente a 2.000 inmigrantes llegados durante y después de de la conquista.

Si pensamos que de estos 2.000 el 60% eren aragoneses, el 32 % provenían de los condados de la marca hispánica y el 7% de otros territorios peninsulares, llegamos a la cifra de que pobladores de las tierras que hoy conocemos como Cataluña eran 600. Pensar que 600 pobladores consiguieron imponer su lengua a 30.000 personas afincadas en la capital del nuevo reino cristiano es científicamente imposible.

Pero también hay que recordar que de esas 30.000 personas un tercio eran cristianas tenían como lengua propia el “romanç valencià” o lengua valenciana que, por otro lado también era hablada y escrita por los mejores poetas árabes y gran parte de la sociedad islámica. El Dr. Hussein Mones, catedrático de Estudios Hispánicos en la Universidad de El Cairo afirma en su libro “Aldalusia Algarbia and Al Sharky” que al conquistar Jaime I el Reino moro de Valencia se encuentra con una población de 120.000 árabes, 65.000 cristianos mozárabes y con 2.000 judíos.

Así pues, es falsa la teoría catalanista de que en Valencia no existían cristianos que hablaran valenciano y que mantenían su propia cultura y religión cuando Jaime I llega a Valencia en 1238. Con ello, lo que pretende el catalanismo es hacer desaparecer la preexistencia del valenciano o “romaç valencià” antes de la llegada de Jaime I. Según los catalanistas, tras 600 años de dominación musulmana aquí no quedaba ningún cristiano que hablara otra cosa que no fuera árabe y que con la llegada de Jaime I lo hizo también la lengua catalana. Esto es del todo punto falso.

Como y vimos en el “Llibre dels Avehinaments”, la Paleografía, Cabanes Pecourt establece sin lugar a dudas que las concesiones de casas y tierras a los mercenarios de la “Marca Hispánica“ (“catalanes”) fueron prácticamente inexistentes en relación a las otorgadas a otras tropas, tales como aragoneses, navarros e incluso extranjeros. Posteriormente las lecturas que se han efectuado del Libro del Repartimiento no han modificado sustancialmente este porcentaje del 1,2% de catalanes (del total de la población) que permanecieron en Valencia una vez conquistada a los moros.

Para el profesor Peñarroja “la conclusión es clara: el 16,8 % de una minoría repobladora no podía imponer, en tal situación, su dialecto catalán occidental. Y esta tendencia se confirma, de forma coincidente, en las comarcas y po­blaciones más populosas del Reino­, como era Játiva, donde se detecta casi un 60 % de repobladores de habla aragonesa y castellana frente a un insignificante 14 % de habla ca­talana occidental (provenzal). Y como que estas son los únicos datos históricos comprobables, la Filología científica no se puede desentender de ellos. Es decir: hoy por hoy, la teoría que interpreta el valenciano como el producto de una repoblación catala­na no es históricamente demostra­ble. Es una opinión, no un conocimiento científico”.

Tal como demuestran los arabistas Cabanes Pecourt y Ubieto Arteta, al entregar el rey moro Zayyan las llaves de la ciudad de Valencia a Jaime I el 9 de Octubre de 1238, le dijo literalmente, según cuenta la crónica: «En la ciudad de Valencia conviven musulmanes, gente noble de mi pueblo, junto a cristianos y judíos. Espero que sepa gobernarlos para que continúen viviendo en la misma armonía y para que trabajen esta noble tierra conjuntamente. Aquí, durante mi reinado, salían procesiones de Semana Santa y los cristianos profesaban su religión con toda libertad, ya que nuestro Corán reconoce a Cristo y a la Virgen. Espero que usted conceda el mismo trato a los musulmanes de Valencia». Luego es falso lo que dicen los catalanistas que los cristianos, su lengua y cultura fuera exterminada e inexistente.

jueves, 29 de marzo de 2012

AMIGOS, MIRAD ESTO.


 
bula de Gregorio IX

Buscando la copia documental de la “Bula de Cruzada” otorgada por el Papa Gregorio IX a Jaime I para que persuadiese a los nobles “catalanes” de la Marca Hispánica para que le acompañasen a la Conquista de Valencia, toda vez que estos eran reticentes pues no era batalla a “sangre y rapiña”, me encuentro con una copia de otra Bula del mismo Papa Gregorio IX. Concretamente el 13 de Abril de 1231 la Cancillería del Papa Gregorio IX en la que establece los principales privilegios que darán la independencia jurisdiccional e intelectual a la Universidad de Paris. Precisamente, en la esquina del documento en donde se identifica al Papa que sella la Bula con su escudo de armas que le ha servido como insignia de su papado, aparece el escudo de la casa de Aragón. ¿De Aragón? De la Santa sede primero y de Aragón después. Claro, porque sencillamente Aragón era súbdita de la Santa Sede y de esta había incorporado a su heráldica los colores de Roma.

En todos los escudos tradicionalmente se representan dos llaves (una dorada y otra plateada), estas representan el poder temporal (plateada) y celestial (dorada) inherente al papado, haciendo referencia, al párrafo del evangelio según San Mateo Cap. 16, Vers. 18 - 19: “Tu eres Pedro (piedra) y sobre esta piedra edificare mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella, Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".

De los primeros documentos y Bulas que se expedían por el papado colgaban  unas cintas de seda roja con hilos de oro que servía para sujetar el sello del pontífice y que luego se incorporaron sus colores a la heráldica papal como dos barras o palos rojos sobre fondo dorado.

La representación de los colores papales y de la casa de Aragón aparecen en muchas escenas vaticanas.  El canópeo, llamado también umbraculum o pavillón es una suerte de parasol medio abierto que tiene las barras o palos con los colores papales gules (rojo) y oro. 

El canópeo es, también, el timbre heráldico de las basílicas. En canópeo barrado de amarillo y rojo, o oro y gules, es el emblema de la iglesia católica, del colegio cardenalicio, de la Cámara apostólica, de los seminarios e instituciones pontificias y también de la Santa Sede cuando está vacante (representando la tumba de Pedro, protegida por la basílica de San Pedro en Roma). Durante las vacaciones de la Sede romana, el cardenal camarlengo timbra sus armas con un canópeo barrado.

Precisamente fueron los papas que estamos estudiando, Gregorio IX y su antecesor Honorio III, coetáneos a Jaime I, quienes más uso hicieron de dicha heráldica que fue incorporada años antes desde el reinado de Sancho Ramírez (1064 - 1094) quien en 1068 viajó hasta Roma donde se comprometió a hacerse vasallo de Santa Pedro, hecho que finalmente se llevó a cabo de manera oficial en 1089 incorporando los colores papales al emblema de la casa de Aragón.

El nombre de “Señera” o “Senyera” proviene de que dicho emblema, en realidad su nombre apropiado es el de “señal real de Aragón”, equivaldría en la actualidad a decir que era el apellido de la dinastía reinante en Aragón. Los escudos en la Edad Media representaban a una determinada persona o linaje, en este caso a la familia real de Aragón.  En Heráldica este emblema se definiría como un cuartel de oro con dos palos de gules.

El uso de las barras, nombre popular con que se conoce este motivo, se extendió a todos aquellos lugares donde gobernó el monarca de Aragón: Valencia, Mallorca, Condados de la antigua Marca Hispánica (hoy Cataluña), Sicilia, Cerdeña, Córcega, Provenza, Rosellón y Cerdaña, la ciudad francesa de Montpellier, algunas zonas de la actual Grecia, como los antiguos ducados de Atenas y Neopatria, y Nápoles, el último territorio que se incorporó a la Corona de Aragón. Todas estas posesiones estuvieron en un momento u otro de la Edad Media bajo la soberanía del rey de Aragón.

Con menor frecuencia estas barras también han sido llamadas “palos” o “bastones”. Si utilizamos con propiedad el vocabulario heráldico, lo correcto sería emplear el primero de estos dos últimos nombres porque la palabra «barra» se refiere a una banda diagonal que va desde el ángulo superior derecho hasta el inferior izquierdo siempre desde el punto de vista de quien contempla el escudo. De todas formas el arraigo de la expresión barras ha sido tan profundo que se mantiene en la actualidad.

La referencia más antigua a este motivo nos lleva hasta el reinado de Alfonso II (1162 - 1196), cuando tal y como relata la «Crónica de San Juan de la Peña» este monarca “mudó las armas e seynnales de Aragón e prendió bastones”.

Pero hasta los tiempos de Pedro III el Ceremonioso, y concretamente en la época de Jaime I, el uso de las barras o palos de la casa de Aragón varían en su número sin que exista una ordenanza que los regulara. No obstante a ello y dado que las barras o palos papales eran los de 2 rojos sobre tres de oro, sería este el número más usado durante los primeros años de la casa de Aragón hasta que Pedro III, el Ceremonioso, finalmente, cifrara en cuatro los palos de gules sobre 5 de oro, colores que han estado unidos a la casa de Aragón y sus reinos hasta el día de hoy.

Menendez Pidal,  a este respecto, señala que durante todo el reinado de Jaime I de Aragón, el Señal Real contiene dos, tres, cuatro y hasta seis palos, y precisa:“El modo de representar el escudo con los palos es, en esta primera época, muy variable. Aparecen como indistintas las formas del palado y de los palos (número impar de divisiones) y en todos varía el número de piezas. Poco a poco la forma de los palos acaba prefiriéndose a los escudos palados, por reducción de las vacilaciones. Sólo durante el reinado de Pedro el Ceremonioso se impondrá definitivamente la forma de los cuatro palos” Menéndez Pidal de Navascués, Faustino, El escudo de España, 2004, pág. 14.

Sin embargo la leyenda se adueñó del origen de la enseña aragonesa y lo vinculó a un muy difundido bulo que lo relacionaba con la casa condal de Barcelona, totalmente descartada en la actualidad por la crítica histórica.

Los historiadores Martín de Riquer y Menéndez Pidal ]atribuyen al historiador, conocido por sus fabulaciones e inventos,  Pere Antoni Beuter (1490-1555), en su obra Segunda Parte de la Crónica General de España, impresa en Valencia en 1551, la invención de la leyenda muy difundida que atribuye el origen de las barras de gules en campo dorado a un episodio épico de la biografía del conde Wifredo el Velloso, «Guifré el Pilós», fundador de la casa de Barcelona. Según este relato, Wifredo, tras contribuir en combate a una victoria franca sobre los normandos, recibió del emperador franco Luis el Piadoso un escudo amarillo en premio sobre el cual, el mismo rey pintó, con los dedos manchados de sangre de las heridas del conde, los cuatro palos rojos.

Esta leyenda tal cual, carece de fundamento histórico, pues ni el uso heráldico ni el emperador fueron contemporáneos de Wifredo. Martín de Riquer y Faustino Menéndez Pidal de Navascués consideran que Beuter adaptó para su relato una crónica de la Demanda del Santo Grial en la que se describen las armas de los «Córdoba» de Castilla, que empleaban también palos rojos en su escudo. Posteriormente, el emperador de la leyenda fue sustituido por Carlos el Calvo en un intento de hacerla más verosímil cronológicamente.

El heraldista Armand de Fluvià también señala que dicha acción bélica es «pura invención» y que la concesión de armas al conde Wifredo «no resiste ningún análisis histórico dado que la heráldica todavía no existía en el siglo IX», concluyendo que con anterioridad a Beuter «no se halla ningún rastro de esta leyenda en la historiografía catalana».

Destruida por los científicos  la leyenda del supuesto origen “catalán” de la Señera de la casa de Aragón, volvemos al uso de las dos barras rojas sobre campo dorado por Jaime I en la Conquista del reino de Valencia en 1238, exactamente la misma heráldica papal que usaban sus coetáneos papas Honorio III y Gregorio IX autor de la bula con cuya ilustración principal abro este artículo.

Así lo asevera el vexilólogo catalán Luis Domenech (1936) al confirmar que la señera del conquistador era la de dos barras rojas sobre tres amarillas en su libro “Enseñas nacionales de Cataluña” que junto con la iconografía de la época destruyen el mito del denominado “penó de la conquesta” de la Ciudad de Valencia el 9 de octubre de 1238, totalmente inventado por Antonio de Beuter en el siglo XVI que, junto con su también leyenda de las barras de sangre de Wifredo el Velloso, tanto juego ha dado al catalanismo.

El escritor Ricardo Garcia Moya en su libro “Tratado de la Real Senyera reproduce un testimonio de las “Cantigues de Santa Maria” del 1260 que fueron personalmente supervisadas por Alfonso X el sabio, en el que en uno de los retratos del Rey Jaume I aparece en traje de Corte con el dibujo de las dos barras con los colores papales de aquella época.

Más revelador todavía, tal vez por su actualidad, fue el hallazgo en el mes de agosto de 2009 del escudo real durante las excavaciones que realizó el Ayuntamiento de Valencia en el área del propio Palacio Real. La noticia tuvo gran acogida por su importancia pero hubo quien vio las cosas de otro modo. Cuento en mi libro Palacio Real de Valencia, crónica viva del Regne de Valencia (2011) como el periódico LEVANTE-EMV relataba el hecho de esta manera:Los arqueólogos que trabajan en las excavaciones del Palacio del Real, en el jardín de Viveros, se han topado con una grata sorpresa: el hallazgo de un elemento arquitectónico heráldico en el que aparece el escudo de los reyes de la corona de Aragón, gobernantes que acogió el Palacio en el siglo XI. El símbolo, que reproduce las cuatro barras del antiguo reino y que aparece rodeado de dos animales (uno de ellos un león), podría haber sido hallado en una capilla o sala del palacio.

La manipulación no puede ser más burda. Basta con ver la pieza para concluir de inmediato que el escudo tiene dos barras y no cuatro. El perfil del escudo abriga tres palos de fondo esculpidos sobre los que destacan dos palos que eran los que originariamente eran los dos palos rojos del escudo de los reyes de Aragón. En total 5 y no 9 como manipula la información.

A Pedro el Ceremonioso le debemos los valencianos nuestra querida “Real Senyera Tricolor y Coronada” que en 1377 incorporó la corona real sobre las franja azul y las barras “en les seues Reyals letres que ell signa en sa ma, ço es en lo seu titol on se diu Rey darago de Valentia / en la L que es mijana letra daquets nom Valentia pinta de sa ma una corona”. Con ello, el rey modifica la heráldica, no sólo de la ciudad  que utilizaba dos heráldicas distintas, una, la fortaleza sobre el agua, y otra, los dos palos rojos sobre fondo amarillo que compartían el Papa, el rey, la ciudad y el Reino. La franja azul queda reflejada en pergaminos de la época como los que se conservan en la Biblioteca Nacional  de Paris que, por deseo de Carlos V en el 1368, se crea la “Biblioteque Royal” para la conservación de la heráldica y documentos de la época.


Así que, volviendo al principio me topé con la Bula de la Universidad de Paris de 1231 del Papa Gregorio IX donde aparece el escudo de Aragón de dos barras rojas sobres tres de oro que, como queda acreditado, es el de la heráldica papal de la época del inicio de la reconquista.  


Jaime I, subdito de la Santa Sede que acababa de otorgar bula de "cruzada" para la Conquista de Valencia,  ostentaba, como sus antecesores, la enseña o senyal heráldica basada en su compromiso con Roma. Las senyeras de Aragón y del Papa protagonizarán la reconquista del reino moro de Valencia al que Jaime I tuvo que arrastrar a la nobleza de sus condados de la Marca Hispánica (hoy catalanes), feudatarios del rey de Francia, con ventajosísimas promesas y perdones a sus pecados de sexo y explotación y venta de musulmanes, ya que se negaban a participar en una guerra que no fuera "a sangre y rapiña". Jaime I lo impidió pero tuvo que pedir la ayuda de Roma para ello.

lunes, 26 de marzo de 2012

REFLEXIÓN SOBRE LAS ELECCIONES ANDALUZAS


Con un 32 % de paro, Andalucía sigue apostando por la izquierda que gobernará de nuevo en esta autonomía toda vez que el PP queda muy lejos de la mayoría absoluta ya que la suma de votos de la izquierda les otorga 9 diputados más que al partido presidido por Arenas. Arenas pierde  una nueva oportunidad, otra, y ve su futuro cada vez más negro. Las políticas sociales de Rajoy pasan factura y las que hay en agenda probablemente ahonden en esta herida. Los escándalos de los ERE sólo han dañado levemente a un PSOE que, con la suma de IU, vuelve a ganar en Andalucía cuya sociedad, sorprendentemente, parece que vive cómoda en esas cifras de paro, lo que nos lleva a concluir que una gran parte de ella tiene secuestrado su voto entre el miedo, la subsidiación y el propio envilecimiento general que no le importa seguir gobernada por la corrupción y el despilfarro.

domingo, 25 de marzo de 2012

PRUEBA Nº 22.- Los pecados del sexo y de esclavitud en la conquista de Valencia



PRUEBA Nº 22 CONTRA LA MENTIRA DE QUE EL VALENCIANO PROVIENE DEL CATALÁN.

LOS “CATALANES” QUE PARTICIPARON EN LA CONQUISTA DE VALENCIA, FORZADOS POR BULA PAPAL PAPA PARA EXPIAR SUS PECADOS DE SEXO Y COMERCIO CON MUSULMANES

¿Cuántas veces hemos oído decir que los valencianos hablamos catalán porque en 1238, cuando Jaime I conquistó el Reino moro de Valencia nos trajo el catalán a través de sus huestes catalanas que colonizaron nuestro territorio?

 Mis queridos amigos catalanes, que no llegan a asumir que gran parte de los argumentos que aporto como pruebas para desmontar la gran mentira de la conquista “catalana” de Valencia son datos fidedignos con sus correspondientes reseñas, me envían todo tipo de científicos insultos que  no hacen otra cosa que confirmarme que voy por buen camino.

Por buen camino hacia "la millor terra e la pus bella del mon… e no ha vui dejus Deu tan delitós llogar com es la ciutat de Valencia "e tot aquell Regne" le exhortaban a Jaime I, tal como lo veíamos en la prueba número 21, los nobles aragoneses para iniciar la reconquista del Reino moro de Valencia, una aventura a la que el rey no se quiso encomendar sin tener toda la baraja en su mano y sabiendo a ciencia cierta con cuantas fuerzas contaba para una  cruzada de estas dimensiones. Esto lo digo a colación de que muchos creen que Jaime I armó un ejército con cierta facilidad, pero no fue así. Los condados “catalanes” de los que él era Conde y el Rey de Francia el soberano, se resistieron a participar en la conquista sabedores de dos cosas: La primera era, sin duda, la primacía de ser una empresa abrumadoramente aragonesa (cosa que niegan los catalanistas) y la segunda, porque el Rey no buscaba una conquista a rapiña y muerte donde los nobles participantes camparían a su capricho en el  nuevo reino, sino que lo planteó como una verdadera cruzada respetando las instituciones originales de un Reino de Valencia al que quería como feudatario bajo un régimen foral. Como así fue.

Como veíamos en el capítulo anterior, y nos confirmaba  el catedrático de historia y reputado arabista, Leopoldo Peñarroja, en su estudio “Valencia 1238: mito y realidad” , el Reino de Valencia a conquistar tenía perfectamente definido un "perfil histórico propio", un "cristianismo autóctono" que, además de sostener el culto en distintos templos es el único elemento que explica la transmisión de ciertas instituciones propias del derecho valenciano; y  por último, "un habla románica nativa", en competencia con el árabe dialectal valenciano, que era  la lengua valenciana, el “romanç valencià” que se encontrarían los conquistadores como habla popular a su llegada al Reino de  Valencia.

Al plantearse Jaime I respetar estas instituciones en el “repartiment” del Reino de Valencia entre los nobles que les pudieran seguir, ello limitaba y mermaba el poder de los conquistadores que verían limitadas sus ambiciones por un derecho preexistente. Y, como os digo, especialmente los nobles de los condados de la Marca Hispánica fueron reacio a seguir a Jaime I. De hecho, y tal como apunta el Catedrático de Historia, el medievalista Antonio Ubieto Arteta,  “en Las Cortes de Monzón - octubre 1236- para tratar sobre la conquista de Valencia, de los catalanes sólo asisten los concejos de Lérida y Tortosa”. Recordemos que el prestigioso medievalista aragonés ya nos había aportado pruebas anteriores, especialmente en su estudio de los “Orígenes del Reino de Valencia”, donde detalla minuciosamente cuales fueron las composiciones de las tropas que acompañaron al Jaime I en su conquista de las tierras valencianas. Confirma que sólo “un 2%” de las susodichas tropas procedían de la Marca Hispánica, lo que posteriormente se conoció como Cataluña y que para entonces aún no existía la unidad de lo que hoy es Cataluña”. 

Ubieto Arteta achaca también a los nobles “catalanes” de la Marca Hispánica que por entonces seguían bajo soberanía francesa, el que estos carecieran de un auténtico espíritu de “reconquista” habida cuenta de que los condados no lindaban directamente con territorio moro, sino que entre la Marca Hispánica y el Reino Moro de Valencia existía una franja conquistada por Aragón constituida por todas las tierras de del Sur de rio Ebro (*).

Como sostiene el Catedrático  Ubieto Arteta, “las partes integrantes de la "Corona de Aragón" se comprometieron en Las Cortes de Monzón a realizar la "Cruzada" para conquistar el reino musulmán de Valencia. Todos los asistentes se juramentaron para llevarla a la práctica; pero no todos cumplieron su compromiso. De los catalanes sólo cumplieron el 36%, de los aragoneses el 86%, por lo que la conquista valenciana se convirtió en una empresa de la nobleza aragonesa. Tanto es así que D. Jaime I cuando habla de los nobles que le ayudaron relaciona 20 aragoneses y 3 catalanes”.

Con los Concejos ocurrió lo mismo. Votaron la mayor parte de los aragoneses y únicamente Lérida y Tortosa, entre los “catalanes”, pero cuando tuvieron que intervenir, en abril de 1237, sólo Zaragoza, Teruel y Daroca, dieron la cara.

El espíritu de Aragón y Cataluña era muy distinto ya en plena Edad Media. Aragón, como dejamos dicho, se forma a base de dos siglos de luchas y el reino de Valencia era la continuación de una empresa secular. En Cataluña, sin embargo, el espíritu de reconquista era por completo extraño. Difícilmente se encuentran empresas reconquistadoras a la largo de toda la historia catalana.

Carentes los catalanes de este espíritu reconquistador, para convencerlos que acudan a la "Cruzada", Jaime I recurre al Papa Gregorio IX para que extienda unas bulas, por las que el Santo Padre, promete a los nobles catalanes “el perdón, si acuden a liberar Valencia, a todos los incursos en excomunión, que eran muchos: por tener más de una mujer, por haber comerciado con musulmanes... “, lo cual explica la tardía colaboración de barceloneses y tortosinos.

Por ello Ubieto fundamenta la escasa presencia de “catalanes” no sólo en la conquista sino, con posterioridad, en el asentamiento de nuestras tierras en un número que oscilará entre el 4 o el 5 %.
“No hay que olvidar nunca – sostiene Ubieto- que si vienen algunos catalanes y más, muchísimos más, aragoneses, el conjunto apenas influyó en la demografía valenciana, pues la suma de ambos intervinientes en la conquista y repoblación de Valencia en el siglo XIII, no aumentó la población autóctona coetánea un 5% redondeando por arriba”.

Hay un dato que nos aporta Ubieto que resulta especialmente esclarecedor e impactante: “Precisamente, -dice- los núcleos de población sometidos a los Fueros de Aragón, están generalmente en tierras de habla valenciana, tanto en la costa como en el interior; y en el caso de los pocos catalanes pasa precisamente al contrario”. En efecto, resultaría que precisamente donde se produjo el “avehinament” de los pocos “catalanes que participaron en la conquista del Reino de Valencia, en la actualidad se habla castellano, mientras que en los asentamientos Aragoneses se mantiene el habla valenciana vernácula que se encontraron los conquistadores.

Y termino este capítulo o prueba nº 22 con una frase , también literal, de D. Antonio Ubieto que era perfectamente conocedor de la terrible manipulación y mentira que se cernía sobre la historia e identidad de los valencianos y,  pese a su entusiasta aragonesismo, nos advertía en el I Congrès de la Llengua Valenciana con estas palabras: “ Distinguidos amigos: la Historia es muy tozuda y siempre responde, y cuanto más quieran manipularla, mayor será el ridículo que corran, no obstante no hay que confiarse, pues los documentos pueden desaparecer o suplantarse, como ya ha ocurrido en alguna ocasión y no hay que pensar que todos son tan escrupulosos, por emplear una expresión suave, como nosotros”.

sábado, 24 de marzo de 2012

EL SANTO GRIAL O SANTO CÁLIZ CUMPLE 575 AÑOS EN LA CATEDRAL DE VALENCIA



I.- INTRODUCCIÓN
En mis dos anteriores artículos hablábamos de los sucesos protagonizados por Francesc de Vinatea frente al rey Alfonso IV y la Reina Leonor de Castilla en defensa de la unidad territorial y foral valenciana. Precisamente su sucesor en el nombre y de la casa de Aragón, Alfonso V de Aragón y III de Valencia, protagonizaría hace ahora 575 años la entrega a Valencia del tan buscado y deseado a lo largo de toda la historia, Santo Grial o Cáliz de la última Cena de Jesucristo.

Igual que el pasaje de defensa de los Fueros por el “Jurat” Vinatea, este capítulo de entrega del Cáliz lo trato también en mi libro “El Palacio Real de Valencia” ya que Valencia fue, sin duda alguna, la que financiaría todas las campañas del rey Alfonso el Magnánimo en el Mediterráneo. Fue en nuestro Palacio Real de Valencia donde reposó el Santo Cáliz durante varios años hasta que fuera definitivamente entregado a  la Catedral de Valencia. Pero no fue una donación o regalo.

II.- El Santo Cáliz en tiempos de Cristo l.

Dicen los Santos Evangelios que, llegado el día en que había de sacrificarse el cordero pascual, Jesucristo se reunió con sus discípulos en casa del padre de familia, quien, según algunos comentaristas, era un noble y acaudalado varón llamado “Chusa”. Allí celebró la cena ritual de los judíos, tras la cual y, después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús realizó la institución de la Eucaristía, para lo cual se proveyó de pan ázimo y de un cáliz.

III.- El Santo Cáliz en los albores de la Cristiandad.
Este Vaso de suma trascendencia no pudo ser olvidado tras la muerte de Jesus, tanto más cuanto los discípulos se reunieron varias veces en el Cenáculo. Así se explica de modo natural que el Santo Cáliz apareciese en Roma, llevado probablemente desde Jerusalén por San Pedro, cabeza de la Iglesia. Transcurrieron, pues, dos siglos y medio, durante los cuales existen claros indicios de que el cáliz con que los pontífices de los primeros tiempos de la Iglesia celebraron la misa en el mismo que usó Jesus en el Cenáculo. Al cabo de dicho tiempo, el emperador Valeriano desencadenó una violentísima persecución contra el cristianismo en la que pereció martirizado el Papa Sixto II. El Pontífice, antes de morir, entregó las reliquias, las alhajas y el dinero a su diácono Lorenzo, natural de Huesca, quien también fue martirizado, no sin que antes enviara a la ciudad natal el Cáliz de la Eucaristía acompañado de una carta suya. Ocurría todo ello el año 261.

IV.- El Santo Cáliz, camino de Valencia.
Al ser ley que los bienes cristianos denunciados se repartían la mitad para el Cesar y la otra mitad para el delator, el Diácono del Papa, San Lorenzo, repartió los bienes entre los pobres y el Santo Cáliz lo envió a Hispania, concretamente a Huesca donde había nacido, con un legionario romano para que lo escondiera, salvándolo así del expolió.


En Huesca se conservó hasta la llegada de la invasión musulmana en el año 713 en que es llevado por el obispo Ancisclo a San Juan de la Peña, monasterio de las proximidades de Jaca, en pleno Pirineo. Y allí, protegido por sus monjes, permanecerá mientras se inicia y se fortalece la Reconquista cristiana del Reino de Aragón.

En el año 1399 es solicitado y obtenido por el Rey Martín I el Humano, llevándolo al palacio de la Aljafería en Zaragoza. A la muerte de este monarca en 1410 y según consta en el inventario de bienes realizado en septiembre de este año, se encontraba en su palacio de Barcelona, de donde es traído a Valencia por el Rey Alfonso V el Magnánimo que lo deposita en la Capilla del Palacio del Real ubicado en los Jardines del mismo nombre y situado junto al río Turia, donde permaneció algún tiempo.

Fallecido entonces mosén Antonio Sanz, capellán mayor de la capilla del Palacio Real de Valencia, el Infante don Juan, como lugarteniente de su mencionado hermano don Alfonso, dispuso, en 1424, que las reliquias y otras joyas guardadas en el Palacio del Real, pasaran, para mayor seguridad, a la sacristía de la Catedral. Con este fin se extendió en 18 de marzo de 1437 el correspondiente documento, autorizado por dignatarios y funcionarios, donde se describía "el Cáliz en que Jesucristo consagró la sangre el jueves de la Cena".

Un estudio revela que el Santo Cáliz llegó a la Catedral de Valencia en el siglo XV como pago de las deudas que Alfonso V 'El Magnánimo' había contraído con la jerarquía eclesiástica. Ante la imposibilidad del monarca de devolver al cabildo de la Seo los 137.430 sueldos que éste le había prestado para sus campañas militares, el 18 de marzo de 1437 le entregó todas las reliquias que había puesto como aval, entre ellas, el Santo Cáliz. Así lo descubre el canónigo archivero bibliotecario de la Catedral, Vicente Pons Alós, quien desmiente que el Santo Grial fuera un "regalo", como tradicionalmente se pensaba, y asegura que Alfonso V lo tuvo que entregar junto a todo su tesoro en reliquias, después de cinco años en los que le fue imposible devolver el dinero que le prestó el cabildo catedralicio.

El canónigo Conservador del Patrimonio Artístico y Delegado de Información de la Catedral, Jaime Sancho, señala las diferencias entre las plegarias eucarísticas de los primeros años del cristianismo y las posteriores que justifican la utilización del cáliz de la Última Cena por los primeros papas del cristianismo. Sancho precisa que el Canon Romano de los siglos II y III que utilizaban los papas en las catacumbas de Roma hacía mención expresa a "este mismo preclaro cáliz", en referencia a la copa de la Última Cena, y que a raíz de la persecución del emperador Valeriano fue trasladado primero a Huesca y luego a Valencia el 18 de Marzo de 1427, cumpliéndose ahora los 575 años de su llegada a nuestra Ciudad y Reino.

V.-Descripción del material del Santo Cáliz.
Está formado por el vaso o copa propiamente dicha, el pié y una estructura de oro con dos asas que los une. El conjunto mide 17 centímetros de altura y la copa propiamente dicha es de forma semiesférica, con un diámetro de 9 centímetros y constituida por ágata llamada “cornerina oriental”, de color rojo oscuro cuyo estudio arqueológico muestra que fue labrada en el siglo primero de nuestra era.

Debajo de la copa están la vara, con su nudo, y las asas, todo ello de oro y con adornos burilados de gusto griego que fueron añadidos en los siglos XIII y XIV para sostener el vaso o copa. El pie es, al parecer, de concha reforzado con armadura también de oro, adornada con dos rubíes, dos esmeraldas y veintiséis perlas, en vez de las veintiocho que tenía antes, pues se perdieron dos. 

viernes, 23 de marzo de 2012

HOMENAGE I GRATITUT A PEDRO LLORCA I ALS VESTIDORS DE LA VERGE


Son un grup de 40 persones que desde fa a montó d´anys treballa casi 48 hores seguides per a vestir a la Mare de Deu dels Desamparats en els rams de les falleres que acodixen a l´ofrena a rendir homenage a la Patrona de la Ciutat i Regne de Valencia.
La seua voluntaria dedicacio a un acte tan valencià i emotiu crec que es mereixedor del nostre reconeiximent public perque del seu art i pericia brollen les llagrimes d´un poble que “s´ampara baix ton mant” com a expressio de fe i amor per lo nostre.

Va per vostes!. 

EL ALTO PRECIO QUE PAGAMOS LOS CIUDADANOS A TELEFÓNICA.



La prepotencia y abuso de posición dominante de la compañía telefónica española es merecedora de estudio ya que la impunidad que goza a la hora de someter a los ciudadanos a sus objetivos y resultados podría adentrase en el terreno de la responsabilidad civil y penal.

La inseguridad jurídica en la que nos encontramos frente a los excesos e injustos  tarifarios hacen de la buena fe contractual como principio general del derecho una manifestación vacía ante la todopoderosa multinacional.

Telefónica, como bien dice hoy la voz libre, se ha convertido en los últimos años en la casa de acogida de políticos o cónyuges y allegados de estos. Actualmente, el más destacado es Iñaki Urdangarín, al que ni siquiera su imputación por el ‘caso Nóos’, le ha arrebatado su plaza en Washington, sino todo lo contrario: ha renovado por cinco años más como consejero de su división internacional y representante de la compañía en Estados Unidos. El duque de Palma se embolsa por estas funciones 1,4 millones de euros al año.

Pero lo verdaderamente sorprendente y que ha merecido titulares de prensa es cómo el engrosar las nóminas de las grandes empresas ha servido para presenciar una pelea de barro entre las dos mujeres más poderosas de España: Soraya Sáenz de Santamaría y Maria Dolores de Cospedal. Hoy se ha sabido que Telefónica ha incorporado a otros dos cónyuges de políticos: Iván Rosa, abogado del Estado y marido de la primera de ellas, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y a Paloma Villa, mujer del secretario general del Grupo Socialista en el Congreso, Eduardo Madina. El pacto de Estado siempre funciona a la hora de cerrar la adjudicación y reparto de los cargos mejor remunerados. Como lo hicieron los grupos políticos en torno a su jubilación escandalosa a los 11 años, mientras nos imponían al resto de españoles la obligación de cotizar 38,5 años para llegar al cobro del 100% de nuestra cotización.  Esto, en el mundo anglosajón hubiera servido para poner el grito en el cielo a los medios de comunicación y a la ciudadanía. Y a los interfectos en la calle. Pero en este país, tan envilecido y con una moral pública bajo mínimos, poco se puede pedir. Todo vale.

César Alierta sigue cazando para su todopoderosa "familia" a insignes políticos -de derecha o izquierda- como el vago e inepto Javier de Paz, amigo de José Luis Rodríguez Zapatero y ex secretario de Juventudes Socialistas; Pedro Arriola, asesor jefe de José María Aznar; o Alfredo Timmerman, ex jefe de Gabinete del propio Aznar. También ha servido como retiro dorado para ex políticos como Narcís Serra, Manuel Pizarro o Eduardo Zaplana, por citar sólo algunos ejemplos, e incluso la mujer de Rajoy también ha estado trabajando para esta gran empresa de sonrojantes fichajes estrella.

jueves, 22 de marzo de 2012

LA ESTATUTA DE LA PLAZA DEL AYUNTAMIENTO (y II)



Varios amigos me sugieren que os cuente algo más de este personaje valenciano, Francesc de Vinatea, titular de la estatua que preside nuestra plaza del ayuntamiento y al que le hemos dedicado un anterior artículo (/http://jgsentandreu.blogspot.com.es/2012/03/un-jurat-de-valencia-llamado-francesc.html).

La historia de este valenciano, prácticamente desconocido  por nuestro pueblo, resulta verdaderamente impactante vista con las distancias del tiempo y de las tradiciones y leyes que nos separan.

Francesc de Vinatea http://www.uiquipedia.org/Francesc_Vinatea nació a finales del siglo XIII en Morella (Castellón), esto es, en el mismo siglo de la conquista de Valencia por Jaime I de Aragón. Vinatea era hijo de militar al servicio de Jaime I que, tras la conquista del Reino, se instaló en esta ciudad castellonense que fue conquistada 1232 por Blasco de Alagón a las ordenes de Jaime I, seis años antes de la conquista de la Ciudad de Valencia.

Francesc de Vinatea estudió derecho en Valencia, si bien se dedicó al comercio en su ciudad natal, y se casó con la hija del Señor de Todolella, Dña. Carbona a la que sorprendió en adulterio y  mató. Tras viajar a Valencia y entregarse al Justicia de la ciudad fue absuelto por el rey Jaime II, nieto de Jaime I y padre de Alfonso IV de Aragón y II de Valencia, ante el que protagonizaría en 1233 los hechos relatados en el artículo anterior. Poco tiempo después de su absolución, Frances de Vinatea volvió a Morella y cedió sus derechos del Señorío de Tolodella sobre su hija Francisqueta.

Al fallecer Jaime II en 1327 le sucede en el trono su hijo Alfonso (1299-1336), el Benigno,  que sería nombrado rey tras la renuncia al trono de su hermano Jaime, que tomó los hábitos en 1319. Alfonso se casó dos veces: en 1314, con Teresa de Entenza y en 1329 con Leonor de Castilla y Portugal con la que tuvo  hijos y un conflicto continuo hasta la muerte del rey en 1336. 


Reinando ya Alfonso II de Valencia, Vinatea vuelve a Valencia donde contrae nuevo matrimonio con  Jaumeta Castella y es elegido “Jurat” en 1333, año definitivo para la historia de nuestro protagonista. El cuerpo de los Jurados de Valencia estaba compuesto por seis hombres que vestían Toga o gramalla que recordaba la "trábea purpúrea" del Cónsul romano. (ver foto).


Su prioridad era el abastecimiento y regulación de la exportación de cereales o ganado del Reino, e incluso castigar a quienes les desobedecieran e incluso armar galeras contra contrabandistas y penarlos de acuerdo con los Fueros. También legislaban y juzgaban sobre las ordenanzas gremiales, gestión de aguas urbanas, higiene y fijado de precios de venta.


Tenían jurisdicción sobre las sentencias de los amprius, "private quad alios", es decir sobre los pastos de todo el Reino , y el pacer de las hierbas y los daños que fueran cometidos por los vecinos de Valencia con sus ganados, así como los proveedores, suministradores de la cuidad, siendo la máxima instancia al respecto.


De los seis  jurados, dos del estamento nobiliario y cuatro del popular (o real). El que salía a suertes de cada estamento, era el Jurat en Cap (Primero de los Jurados), por tanto estaba el Jurado en Cap del estamento de los caballeros y el del estamento de los ciudadanos.Todas sus atribuciones estaban recogidas en distintos Fueros de la ciudad y reino de Valencia.


Precisamente para este cargo de  “Jurat en Cap” fue elegido en 1233 Francesc de Vinatea cuando el rey Alfonso entregó, a su hijo Fernando, diversas villas lo que suponía la división territorial del reino. Esta fractura fue a instancias de su segunda esposa, la Reina Leonor de Castilla, que no tenía más pretensión que mejorar y dotar a sus dos hijos tenidos con el Rey, en detrimento de los tenidos por este en su anterior matrimonio y, en especial, de su primogénito legitimario.


Cuando los prohombres de las villas donadas se desplazaron a Valencia y se reunieron con el Jurat en Cap, Vinatea, y le plantearon que la donación constituía “contrafur”, este les exhotó en los términos transcritos:

-“yo me aventuraré a plantear la cuestión ante el Rey –dijo Vinatea- y no rogaré por mi vida y si me mata el Rey, moriré por lealtad, por lo que si yo me aventuro, vosotros, los demás jurados, bien podéis acompañarme”.

Vinatea  apostó hombres armados en diversos puntos estratégicos de la ciudad, cercó el Palacio Real de Valencia y amenazó al rey con que si no retiraba el contrafuero, nadie saldría con vida del recinto.


"No cambiaremos de opinión, aunque me separe la cabeza del cuello, o nos mate a todos, y os prometo señor que si nos morimos no escapará alguno de estos que son aquí, todos morirán a espada y vos señor y la reina y el Infante Don Fernando”.

En la fachada del 
Convento de la Puridad de Valencia anteriormente Casa Palacio de la Cofradía de San Jaime, existe una placa donde podemos leer lo siguiente: 

"De esta antiga casa de la Confraria de Sent Jaume on foren ajustats el consells que regiren la vida de Valencia va eixir el esforcat Vinatea en MCCCXXXIII per a oposar el protestament de Valencia al rei Alfons II pel contrafur de la donaciò al infant Ferran de les villes de Alzira, Borriana, Castelló, Morella, Molvedre i Xàtiva que foren alliberades al gest sublim de varò tan insgine que el poble valencià va secundar ab gran virilitat". 

Francesc de vinatea murió ese mismo año y tres años después Alfonso IV de Aragón y II de Valencia. Dos meses antes de su fallecimiento, y viéndolas venir, su esposa, la reina Leonor huyó a Castilla con sus dos hijos, buscando la protección de su hermano el rey Alfonso XI, el Justiciero. Pero su destino vendría marcado por todas sus insidias y manejos anteriores ya que fue asesinada con su hijo, el infante Juan, de manos del heredero de su hermano en el trono de Castilla, su sobrino Pedro I, el Cruel. E igual destinó aguardó a su otro hijo, el infante Fernando, asesinado por orden de su hermanastro Pedro IV, el Ceremonioso, hijo y sucesor en el trono de su esposo Alfonso y dueño legitimario de todos los territorios que su madrastra le quiso arrebatar.