domingo, 7 de noviembre de 2010

EXTREMO MARKETING (Anécdota)

Al finalizar la concentración en contra de la negociación con ETA en la plaza de Colón de Madrid, era la 1 del mediodía, me metí por la comercial calle de Jorge Juan y entré en la tienda de la firma inglesa Barbour y, cuál fue mi sorpresa, cuando crucé el umbral de la puerta empezó a sonar ... el Himno de Valencia. Ojo, el oficial, no el pasodoble.

Vamos, llegaba del acto con todo mi ser a flor de piel como para que, encima, le pongan a uno nuestro símbolo identitario por antonomasia con el que nos conjuramos los valencianos que amamos a nuestra tierra madre para defenderla hasta el último aliento.

Me dirijo al mozo del mostrador y le pregunto si esto es que a uno le escanean el alma al entrar en el negocio y le ponen el himno que toca, porque si es así, era un horroroso prodigio de marketing extremo.

Me consuela el mozo y me aclara que “es porque tenemos un compañero que es valenciano y está en baja forma. Se lo he puesto para animarlo”. Rápidamente reclamo su presencia y tras la presentación de rigor, Javier –así se llama- me dice que es de Náquera. Compartimos nombres de conocidos y me cuenta que echa de menos a su pueblo y a Valencia, nuestro entrañable “Cap i Casal del Regne”.

Le compré una estupenda chaqueta que ya os presentaré en su momento y, tras cobrarme y destrozarme la VISA, le pedí a nuestro compatriota que me despidiera con nuestro himno a lo que me contestó que “no faltaba más” mientras Francisco me hacía musitar, en pleno centro de Madrid, la letra de nuestro primer pentagrama.

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