lunes, 14 de marzo de 2011

UNA SOCIEDAD ENVILECIDA POR LA POLÍTICA

Nuestra casta política dominante está consiguiendo que la sociedad valenciana despierte de su modorra histórica, envilecida, permisiva y complaciente ante los casos de corrupción que asolan la geografía política de nuestra Comunidad.

El informe de los profesores Gonzalo Rivero y Pablo Fernández -colaboradores del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Nueva York- resulta especialmente demoledor para aquellos que nos hemos sumergido en las aguas turbias de la res pública valenciana para removerlas, agitarlas, denunciarlas e intentar depurarlas.

¿Qué puede hacer un ciudadano o grupo de ciudadanos encuadrados en una formación política, como Coalicio Valenciana, que tiene en el frontispicio de su ideario la lucha contra la mentira, la corrupción y la defensa de los intereses valencianos cuando, estos mismos, son inmunes, les trae al fresco, que nuestra clase política dominante esté de mierda hasta las orejas, robe a espuertas, nos endeude por los siglos de los siglos y limite el ejercicio de nuestras libertades prohibiéndolo todo?

Con independencia de las conclusiones de dicho informe, que creo que mucha razón tiene sobre todo cuando nuestra sociedad ha dado sobradas muestras de meninfotismo y debilidad a la hora de defender sus propios intereses, si quiero apostillar que gran parte de responsabilidad la tiene los medios de comunicación, precisamente por su misión intermediaria de la noticia a la hora de dimensionarla y de valorarla. Los valencianos, por desgracia, somos en mucho, lo que han querido que seamos los medios de comunicación que, sabedores de su capacidad formativa o deformativa, se han alineado con especial irresponsabilidad a la hora de denunciar los abundantes casos de corrupción en nuestra Comunidad. Esto, salvo honrosas excepciones.

Mientras la denuncia de la corrupción por encima los colores políticos vaya unida a la cuenta de resultados del medio que la difunde poco tenemos que hacer los valencianos. Mientras unos medios valoren más la penalidad del denunciante que la del denunciado, al que exoneran complaciente e irresponsablemente a la espera del premio publicitario o de la canonjía televisiva, seguiremos avanzando hacia el embrutecimiento de una sociedad que perderá los límites de lo legal y de lo moral. Abonando así este terreno vamos, sin duda, hacia una corrupción que supera lo político y lo mediático, hacia una sociedad envilecida en la que la clase política que nos gobierna goce de una inmunidad global para hacer de la corrupción y el despilfarro algo consustancial a la propia democracia, llamada a morir por sus propios agentes.



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