sábado, 24 de marzo de 2012

EL SANTO GRIAL O SANTO CÁLIZ CUMPLE 575 AÑOS EN LA CATEDRAL DE VALENCIA



I.- INTRODUCCIÓN
En mis dos anteriores artículos hablábamos de los sucesos protagonizados por Francesc de Vinatea frente al rey Alfonso IV y la Reina Leonor de Castilla en defensa de la unidad territorial y foral valenciana. Precisamente su sucesor en el nombre y de la casa de Aragón, Alfonso V de Aragón y III de Valencia, protagonizaría hace ahora 575 años la entrega a Valencia del tan buscado y deseado a lo largo de toda la historia, Santo Grial o Cáliz de la última Cena de Jesucristo.

Igual que el pasaje de defensa de los Fueros por el “Jurat” Vinatea, este capítulo de entrega del Cáliz lo trato también en mi libro “El Palacio Real de Valencia” ya que Valencia fue, sin duda alguna, la que financiaría todas las campañas del rey Alfonso el Magnánimo en el Mediterráneo. Fue en nuestro Palacio Real de Valencia donde reposó el Santo Cáliz durante varios años hasta que fuera definitivamente entregado a  la Catedral de Valencia. Pero no fue una donación o regalo.

II.- El Santo Cáliz en tiempos de Cristo l.

Dicen los Santos Evangelios que, llegado el día en que había de sacrificarse el cordero pascual, Jesucristo se reunió con sus discípulos en casa del padre de familia, quien, según algunos comentaristas, era un noble y acaudalado varón llamado “Chusa”. Allí celebró la cena ritual de los judíos, tras la cual y, después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús realizó la institución de la Eucaristía, para lo cual se proveyó de pan ázimo y de un cáliz.

III.- El Santo Cáliz en los albores de la Cristiandad.
Este Vaso de suma trascendencia no pudo ser olvidado tras la muerte de Jesus, tanto más cuanto los discípulos se reunieron varias veces en el Cenáculo. Así se explica de modo natural que el Santo Cáliz apareciese en Roma, llevado probablemente desde Jerusalén por San Pedro, cabeza de la Iglesia. Transcurrieron, pues, dos siglos y medio, durante los cuales existen claros indicios de que el cáliz con que los pontífices de los primeros tiempos de la Iglesia celebraron la misa en el mismo que usó Jesus en el Cenáculo. Al cabo de dicho tiempo, el emperador Valeriano desencadenó una violentísima persecución contra el cristianismo en la que pereció martirizado el Papa Sixto II. El Pontífice, antes de morir, entregó las reliquias, las alhajas y el dinero a su diácono Lorenzo, natural de Huesca, quien también fue martirizado, no sin que antes enviara a la ciudad natal el Cáliz de la Eucaristía acompañado de una carta suya. Ocurría todo ello el año 261.

IV.- El Santo Cáliz, camino de Valencia.
Al ser ley que los bienes cristianos denunciados se repartían la mitad para el Cesar y la otra mitad para el delator, el Diácono del Papa, San Lorenzo, repartió los bienes entre los pobres y el Santo Cáliz lo envió a Hispania, concretamente a Huesca donde había nacido, con un legionario romano para que lo escondiera, salvándolo así del expolió.


En Huesca se conservó hasta la llegada de la invasión musulmana en el año 713 en que es llevado por el obispo Ancisclo a San Juan de la Peña, monasterio de las proximidades de Jaca, en pleno Pirineo. Y allí, protegido por sus monjes, permanecerá mientras se inicia y se fortalece la Reconquista cristiana del Reino de Aragón.

En el año 1399 es solicitado y obtenido por el Rey Martín I el Humano, llevándolo al palacio de la Aljafería en Zaragoza. A la muerte de este monarca en 1410 y según consta en el inventario de bienes realizado en septiembre de este año, se encontraba en su palacio de Barcelona, de donde es traído a Valencia por el Rey Alfonso V el Magnánimo que lo deposita en la Capilla del Palacio del Real ubicado en los Jardines del mismo nombre y situado junto al río Turia, donde permaneció algún tiempo.

Fallecido entonces mosén Antonio Sanz, capellán mayor de la capilla del Palacio Real de Valencia, el Infante don Juan, como lugarteniente de su mencionado hermano don Alfonso, dispuso, en 1424, que las reliquias y otras joyas guardadas en el Palacio del Real, pasaran, para mayor seguridad, a la sacristía de la Catedral. Con este fin se extendió en 18 de marzo de 1437 el correspondiente documento, autorizado por dignatarios y funcionarios, donde se describía "el Cáliz en que Jesucristo consagró la sangre el jueves de la Cena".

Un estudio revela que el Santo Cáliz llegó a la Catedral de Valencia en el siglo XV como pago de las deudas que Alfonso V 'El Magnánimo' había contraído con la jerarquía eclesiástica. Ante la imposibilidad del monarca de devolver al cabildo de la Seo los 137.430 sueldos que éste le había prestado para sus campañas militares, el 18 de marzo de 1437 le entregó todas las reliquias que había puesto como aval, entre ellas, el Santo Cáliz. Así lo descubre el canónigo archivero bibliotecario de la Catedral, Vicente Pons Alós, quien desmiente que el Santo Grial fuera un "regalo", como tradicionalmente se pensaba, y asegura que Alfonso V lo tuvo que entregar junto a todo su tesoro en reliquias, después de cinco años en los que le fue imposible devolver el dinero que le prestó el cabildo catedralicio.

El canónigo Conservador del Patrimonio Artístico y Delegado de Información de la Catedral, Jaime Sancho, señala las diferencias entre las plegarias eucarísticas de los primeros años del cristianismo y las posteriores que justifican la utilización del cáliz de la Última Cena por los primeros papas del cristianismo. Sancho precisa que el Canon Romano de los siglos II y III que utilizaban los papas en las catacumbas de Roma hacía mención expresa a "este mismo preclaro cáliz", en referencia a la copa de la Última Cena, y que a raíz de la persecución del emperador Valeriano fue trasladado primero a Huesca y luego a Valencia el 18 de Marzo de 1427, cumpliéndose ahora los 575 años de su llegada a nuestra Ciudad y Reino.

V.-Descripción del material del Santo Cáliz.
Está formado por el vaso o copa propiamente dicha, el pié y una estructura de oro con dos asas que los une. El conjunto mide 17 centímetros de altura y la copa propiamente dicha es de forma semiesférica, con un diámetro de 9 centímetros y constituida por ágata llamada “cornerina oriental”, de color rojo oscuro cuyo estudio arqueológico muestra que fue labrada en el siglo primero de nuestra era.

Debajo de la copa están la vara, con su nudo, y las asas, todo ello de oro y con adornos burilados de gusto griego que fueron añadidos en los siglos XIII y XIV para sostener el vaso o copa. El pie es, al parecer, de concha reforzado con armadura también de oro, adornada con dos rubíes, dos esmeraldas y veintiséis perlas, en vez de las veintiocho que tenía antes, pues se perdieron dos. 

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