martes, 29 de mayo de 2012

Dúplica mía, hoy en el periódico. Y van .....


Rigor científico frente a la descalificación y la barbarie


El artículo publicado en LEVANTE EMV, “Replicant al senyor García (Amb Fabra, Casp i Adlert”, de Sal.lus Herro, evidencia que no ha encajado bien el debate ya que su dúplica es una secreción de insultos, descalificaciones, mentiras, calumnias y desvaríos inadmisibles ni en el terreno del periodismo ni en el del contraste de las ideas. Y no sólo hacia mí, al que me dedica lindezas como ”terrorista”, “fascista” y “pistolero”, sino que a los autores por mi invocados para defender la singularidad de la lengua valenciana, les llama “cavernícolas”, “filonazis”, “reaccionarios” o “zarzueleros humorísticos”, entre ellos, y directamente, a Menendez Pidal o a Torcuato Luca de Tena. Creo que yo he llevado el debate en términos estrictamente científicos y la relación de mis pruebas y autores ha sido sistemática, ordenada y rigurosa. Ahora, me da la impresión de que estoy ante una persona que no sólo no ha encajado bien mis réplicas sino que sus gratuitas injurias y calumnias son más propias, o de un delincuente, o de un enfermo desesperado y sin argumentos que ya no merece mayor atención. Pero si el asunto que nos trata públicamente: El catalán es material y científicamente imposible que lo trajeran los supuestos colonos “catalanes” que vinieron con Jaime I a la Conquista de Valencia en 1238.

Es materialmente imposible que un 2% de la población del Reino de Valencia de 1238 provenientes de la Marca Hispánica (hoy Cataluña) nos trajeran una lengua que aún no existía, el catalán, (en estos condados feudatarios del Rey de Francia se hablaba provenzal o lemosín) y nos la “enseñaran” con tanta rapidez y eficacia que cuando Jaime I nos conquistó ya nos promulgara Els Furs, supuestamente en “catalán”. Si esto hubiese sido cierto, el prodigio lingüístico sería merecedor de mayores estudios:

1.- ¿Quién puede creerse que una parte de las huestes aragonesas reclutadas en los condados “catalanes”, la mayoría iletrados, tuvieran conocimientos para ejercer una didáctica básica para enseñar su lengua?
2.- ¿Cómo van a enseñarnos a los valencianos el “catalán” si la lengua de los condados franceses de la Marca Hispánica era el provenzal y el lemosín?
3.- ¿Cómo van a importar una lengua “la catalana” que no existía todavía y que tendría que esperar dos siglos para que empezara a germinar con una mínima estructura y denominación propia?
4.- ¿Cómo 4.000 soldados de unas localidades fronterizas como eran los condados “catalanes” van a imponer a la población de 200.000 habitantes de todo un Reino que ya hablaba y escribía el “romanç valenciá” desde el siglo IX?
5.- ¿Cómo van a enseñarnos el “catalán” los soldados de Jaime I y este, al momento, nos otorga las leyes en “romanç valenciá” para entendimiento de la población del Reino que acababa de conquistar? "Est fur arromança lo Senyor Rey" “Istum forum posuit in romantio Dominus Rex” (Furs del Regne de Valencia).
6.- ¿Cómo es posible que se exija a médicos y jueces que emitan las recetas y las sentencias en “romanç” si, a partir de ese momento –supuestamente- se nos iba a empezar a enseñar esa lengua? "Los jutges en romanç diguen les sentencies...", "Metges axi fisichs com cirurgians les receptes que ditaran hajen a dictar en romanç declarant lo nom de les herbes en lur nom comu, e vulgar (Furs del Regne de Valencia).


Como escribe el Catedrático de Historia, Leopoldo Penyaroja, en “el mozárabe en Valencia” (Editorial Gredos 1990) “la lengua romance de los mozárabes i de los musulmanes de Valencia, la que debió de oír el Rey Jaime I cuando puso pié en la Valencia de 1238. No era, por consiguiente, la que, partiendo de las bases insuficientes, imagina Sanchis Guarner (y que algún despistado discípulo reafirma contra toda evidencia). No era una lengua fósil, ni desligada del habla valenciana medieval, sino una lengua evolutiva i modernizante, de estructura fonética idéntica a la lengua valenciana posterior”.


El catedrático de historia, el medievalista Antonio Ubieto Arteta, en su estudio de los “Orígenes del Reino de Valencia”, detalla minuciosamente cuales fueron las composiciones de las tropas que acompañaron al Jaime I en su conquista de las tierras valencianas. Confirma que el porcentaje de “colonos” provenientes de lo que sería Cataluña siglos más tarde, vino a supone alrededor de un 2 % del total de la población del Reino. De este 2%, el 0,8 eran gentes provenientes del clero de los condados, especialmente del de Barcelona, del que Jaime I era Señor y San Luis IX, Rey de Francia, su soberano hasta 20 años más tarde. El resto, hasta el 2 %, esto es, el 1,2 % eran soldados de los cuales muchos regresaron a sus tierras al impedirles Jaime I entrar “a botín y rapiña” en el Reino de Valencia. En su consecuencia, estos pobladores "no pudieron hacer valer su lenguaje ante los más de 65.000 cristianos, 2.000 judíos y 120.000 musulmanes habitantes del reino moro valenciano". (Hussein Mones, catedrático de Estudios Hispánicos Al Andalus, de la Universidad de El Cairo, en su libro: Andalucía, Algarabía and Al Sharky.

A partir del  7 de Julio de 1237, los escribanos de Jaime I comenzaron a anotar en el Libro Primero “del Repartiment” el nombre de la persona que asistía al asedio de la ciudad de Valencia y el número de las “casas y yugadas de tierras” que también se ofrecían. Y así ocurrió hasta después de la ocupación. Los ofrecimientos se hacían para ocupar el reino moro con cristianos, lo cual exigía la permanencia definitiva del beneficiario en tierras valencianas. Una vez conquistada la ciudad comenzaron a hacerse realidad las donaciones, extendiendo los documentos correspondientes, de los que se conservan muchos. Y, tan pronto como este título de propiedad se extendía, los escribas del Rey cancelaban el ofrecimiento con unas “señales a modo de tachadura” que confirmaba que la promesa del reparto se había cumplido.

En el Llibre del Repartiment, perteneciente al Archivo de la Corona de Aragón y que, lamentablemente, se encuentra en Barcelona, “se registran meticulosamente las donaciones de casas o terrenos hechas por el rey Jaime I a aragoneses, catalanes,  navarros,  ingleses,  húngaros,  italianos y  franceses, es decir a todos los que participaron en la cruzada que fue la conquista de Valencia. Se calcula que en el Reino de Valencia vivían unas 200.000 personas mientras que los repobladores solamente fueron unos pocos miles. El aumento de la población del reino de Valencia no llegó a un 5% con la inmigración aragonesa y catalana. Y esta inmigración iba, aproximadamente, por mitad y mitad“.


El libro consta de tres volúmenes datados entre 1237 y 1252. El primer y segundo volumen recogen las donaciones de propiedades rústicas y urbanas de la ciudad y término de Valencia y de todo el Reino, en total, unos 3.200 registros. En el tercer volumen se recogen los edificios de la ciudad de Valencia, con la indicación del antiguo propietario y del beneficiario de la donación.
"Consideramos -dice A. Ubieto- que la lengua romance hablada en el siglo XII en Valencia persistió durante el siglo XII y XIII, desembocando en el 'Valenciano medieval'. Sobre esta lengua actuarían en muy escasa incidencia las de los conquistadores”.



El “Llibre dels Avehinaments” de los años 1387-1396, censo confeccionado también por el rey Jaime I, ha sido estudiado en profundidad por la Catedrática de Paleografía, Cabanes Pecourt estableciendo sin lugar a dudas que las concesiones de casas y tierras a los mercenarios de la “Marca Hispánica“(“catalanes”) fueron prácticamente inexistentes en relación a las otorgadas a otras tropas, tales como aragoneses, navarros e incluso extranjeros. Posteriormente las lecturas que se han efectuado del Libro del Repartimiento no han modificado sustancialmente este porcentaje del 1,2% de catalanes que permanecieron en Valencia una vez conquistada a los moros.



Para el profesor Peñarroja “una minoría repobladora no podía imponer, en tal situación, su dialecto catalán occidental. Y esta tendencia se confirma, de forma coincidente, en las comarcas y poblaciones más populosas del Reino, como era Játiva, donde se detecta casi un 60 % de repobladores de habla aragonesa y castellana frente a un insignificante 14 % de habla catalana occidental (provenzal). Y como que estas son los únicos datos históricos comprobables, la Filología científica no se puede desentender de ellos. Es decir: hoy por hoy, la teoría que interpreta el valenciano como el producto de una repoblación catalana no es históricamente demostrable. Es una opinión, no un conocimiento científico”.


La población del Reino de Valencia proveniente de los condados de la Marca Hispánica tras la conquista de Valencia no supuso más que una cifra porcentual de entre el 1,5 % del total de los habitantes, lo que hace del todo punto imposible que dichos soldados pudieran enseñar su supuesto “catalán” a todo un Reino 200 años más avanzado que los condados “catalanes” que tendrían que esperar dos o más siglos a  empezar a hablar y a denominar “catalán” a su lengua, 200 años a empezar a escribir su legislación “en catalán”, 300 años para constituirse como provincia administrativa de España, y 400 a tener una “Renaixença” literaria cuando Valencia tuvo su “Siglo de Oro de la lengua valenciana” en el momento en “Cataluña” empezaba a balbucear su propia lengua.

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