lunes, 17 de junio de 2013

REFLEXIÓN SOBRE LOS “BEBES ROBADOS”

Como premisa previa creo que todos tenemos derecho a intentar saber quiénes son nuestros padres.  Lo digo  porque comprendo la angustia que alguien pueda sentir cuando se entere de que es adoptado. No siempre es así, pero puede darse esa circunstancia. 

Una vez dicho esto habrá que distinguir entre “bebes robados” y “bebes entregados en adopción”.  Lo digo porque se está creando una gran confusión al respecto. Una cosa es que algún sanitario robara literalmente un bebé y otra cosa son las madres que han entregado a sus hijos en adopción.  En España hay órdenes religiosas que tienen casas de acogida  “casas-cuna” para madres solteras que son ayudadas durante su gestación y parto y que, tras este, entregan voluntariamente sus hijos en adopción por las circunstancias que sean. Antes, la adopción la gerenciaba la propia orden religiosa y desde los años 80 es la administración pública.

Hay  4 tipos de personas que reclaman:

1.- La madre que cree que se le robó a su hijo. Tanto ella como el padre, creo que tienen todo el derecho del mundo de acudir a la justicia para averiguar las circunstancias de la desaparición de su hijo.

2.- La madre que entregó a su hijo en adopción en su día y quiere ahora conocerlo. Ante este hecho es  fácil decir que estamos de acuerdo, pero hay que valorar las consecuencias del acto voluntario de la entrega de un hijo a la familia adoptiva y el gran trauma que puede suponer para los actuales padres y  para los propios hijos una reclamación, tantos años después del abandono.

3.- Los hijos robados en las clínicas y entregados en adopción que quieren conocer a sus padres. En el caso de que crean que son robados, esto es, no les conste que fue en adopción legal, creo que tienen el mismo derecho que las madres a buscar justicia.

4.-Otra cosa es la del hijo adoptado que busca a sus padres. Muchas madres entregaban a sus hijos en adopción buscando el anonimato ya que muchos embarazos eran no-deseados  (soltería, prostitución, adulterio…). Así las cosas, muchos de los que ahora reclaman a las órdenes religiosas para saber quiénes son sus madres,  también podrían querer saber quiénes son sus padres, lo cual resultaría, además de prácticamente imposible (no siempre), en algunos casos verdaderamente  embarazoso. Obligar a las órdenes religiosas a quebrantar el secreto de la maternidad y/o la paternidad buscado por las madres y padres en el momento del ingreso en sus casas-cuna puede ir, no sólo contra la voluntad de la madre-padre, sino contra la propia legislación que permite este tipo de instituciones benéficas de ayuda a la madre soltera sin recursos. Ana Isabel Azagra, una mujer entregada en adopción en su día, ha hecho "un llamamiento a las mamás para que salgan. Nadie quiere juzgar a nadie, queremos conocerlas y abrazarlas". Pero el que sus madres quieran o no salir de su anonimato es algo que no corresponde ni es responsabilidad de las órdenes religiosas. 

Hay que señalar, también, que muchas madres acuden exclusivamente por esta razón a las casas-cuna para tener a sus hijos sin renunciar a su maternidad, conservando a sus hijos junto a ellas. Por ello no creo que tengan responsabilidad alguna las instituciones que hacen del servicio a la vida una vocación, sino todo lo contrario.

Dicho esto, creo legítimo el interés en conocer nuestra ascendencia-descendencia, siempre que sea legal y posible. Otra cosa es la grandielocuencia y la demagogia con la que se sirven estas noticias, propicias para hacer plató y caja con unas televisiones que viven y se aprovechan de lo lacrimógeno. Al final, como en tantas cosas, la que fijará la verdad de los hechos será la ciencia y la justicia. Pero, de momento,  y pese a tanta acusación televisiva, aún no hay sentencias de bebes robados. 

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