viernes, 6 de diciembre de 2013

EL ORIGEN MILENARIO DE ESPAÑA

EL ORIGEN MILENARIO DE ESPAÑA
por Juan García Sentandreu


1.- 35 AÑOS DE CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA
Nuestra Constitución cumple 35 años y el nacionalismo independentista sigue minando la estructura constitucional de la nación española a la que, -no desde la ignorancia- sino con una más que evidente voluntad manipuladora, siguen negando su sustantividad política y jurídica. Dicho de otro modo, el nacionalismo niega la propia existencia de España como nación e incluso como unidad territorial.
Para pertrecharnos de argumentos y poder luchar contra esta otra mentira he compilado una serie de datos rigurosamente históricos.
Esta semana ha acabado en TV la serie “Isabel” que he seguido con un interés entusiasta ya que la figura de la reina católica así como la de su tía, la reina María de Castilla, mujer del rey Alfonso el Magnánimo,  además de ser cruciales en la formación del estado moderno fueron objeto de mi estudio sobre su presencia en el Palacio Real de Valencia del que, en el 2011, publiqué un libro.

2.- LA SERIE TELEVISIVA “ISABEL”
La serie, seguida con una cierta agudeza crítica, adolece de ciertos “tics” y concesiones al nacionalismo moderno: se oculta la sustantividad física, jurídica y política de España como nación, a la que no se le menciona ni una sola vez, y a la que se contrapone la existencia de Aragón, Castilla y “los condados catalanes” como únicos “estados”. Se trata, o al menos así se trasluce, de evitar la palabra España que, al parecer, sigue hiriendo muchas sensibilidades después de 35 años de vigencia constitucional.
Otro tanto interés me ha suscitado el protagonismo que tuvo el Reino de Valencia, al que apenas se le menciona en un par de ocasiones, en la conquista de América. ¡Menos mal que Colón no aparece como catalán, barbaridad que se puede escuchar y leer en muchos círculos y prensa nacionalista!  La figura del valenciano Luis de Santángel, Escribano de Ración de Fernando El Católico y auténtico financiero de la conquista del Nuevo Mundo pasa ciertamente desapercibida. Pero este es otro tema.
Volviendo al interés de los guionistas en ocultar la dimensión política de la hispanidad del reinado de Isabel y la de potenciar una imagen de fraccionamiento y confrontación entres los reinos que la conforman, cotejo este argumentario que servirá para comprobar la existencia de un territorio y una nación milenaria que, aunque se conformará como nuevo estado a partir de la dinastía Trastámara, clava sus raíces en la historia muchos siglos antes que lo hicieran quienes hoy se reivindican como naciones o nacionalidades para construir su propia mentira política.


3.- ESPAÑA EN LA HISTORIA

El nombre de España deriva de Hispania con el que los romanos designaban a la península Ibérica y a la que los griegos designaban como Iberia . Sin embargo, Hispania no es de raíz latina ya que según Jesús Luis Cunchillos y José Ángel Zamora, expertos en filología semita del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, confirman que tiene su raíz en *I-span-ya, "isla/costa de los forjadores o forjas (de metales)", hecho que estaría justificado por la intensa actividad minera y metalúrgica que existía en las costas de Andalucía en tiempo los fenicios cuando se establecieron en estas tierras atraídos por su riqueza minera.


LA ESPAÑA ROMANA

Desde que por primera vez, hacia el 200 a. C., y por el poeta Quinto Ennio se utilizara el término Hispania, los romanos siempre lo utilizaron, mientras que en los textos conservados de los griegos éstos usan siempre el nombre de Iberia.
Gran parte del conflicto entre cartagineses (fenicios) y romanos tuvo como escenario las tierras de Hispania con las llamadas guerras púnicas y que terminaron con el triunfo de Roma. Entonces, el nombre que los romanos oían a los cartagineses era el de Ispania, al cual añadieron una H, como también a Hiberia.
Estrabón, geógrafo e historiador griego nacido en el año 63 antes de Cristo, habla de Iberia en su libro III de Geografía y allí comenta que
algunos dicen que las designaciones de Iberia e Hispania son sinónimas, que los romanos han designado a la región entera (la península) indiferentemente con los nombres de Iberia e Hispania, y a sus partes las han llamado ulterior y citerior
Cneo Pompeyo Trogo, historiador galo-romanizado del siglo I a. C, construye toda una imagen sobre sus habitantes:
Los hispanos (de Hispania) tienen preparado el cuerpo para la abstinencia y la fatiga, y el ánimo para la muerte: dura y austera sobriedad en todo (dura omnibus et adstricta parsimonia). [……] En tantos siglos de guerras con Roma no han tenido ningún capitán sino Viriato, hombre de tal virtud y continencia que, después de vencer los ejércitos consulares durante 10 años, nunca quiso en su género de vida distinguirse de cualquier soldado raso”.
Otro historiador romano, Tito Livio (59 a. C. a 17 d.C.), escribe también sobre el carácter del hombre hispano, tal y como él lo veía:
 “Ágil, belicoso, inquieto. Hispania es distinta de Itálica, más dispuesta para la guerra a causa de lo áspero del terreno y del genio de los hombres”.
Lucio Anneo Floro (entre los s. I y II), que fue un historiador amigo del emperador Adriano, también hace sus observaciones:
La nación hispana o la Hispania Universa no supo unirse contra Roma. Defendida por los Pirineos y el mar habría sido inaccesible. Su pueblo fue siempre valioso pero mal jerarquizado”.
El escritor romano Publio Valerio Máximo (s. I. a.C.) la llamó fides celtiberica. Según esta fides, el íbero consagraba el alma a su caudillo y no creía lícito sobrevivirle en la batalla. Es la conocida devotio o dedicación íbera de los comienzos del imperio romano. (En la Edad Media tuvieron muy en cuenta esta fidelidad de los celtíberos a la que llamaron para sí lealtad española).


LA ESPAÑA GODA
En el siglo IV, surge otro escritor, un retórico galo llamado Pacato que dedica parte de su obra a describir esta península, Hispania, su geografía, clima, habitantes, soldados, etc., y todo ello con grandes alabanzas y admiración. Pacato escribe:
 “Esta Hispania produce los durísimos soldados, ésta los expertísimos capitanes, ésta los fecundísimos oradores, ésta los clarísimos vates, ésta es madre de jueces y príncipes, ésta dio para el Imperio a Trajano, a Adriano, a Teodosio”.
 En su época sale a la luz una obra que se llama Expositio totius mundi en que se describe a Hispania como Spania, terra lata et máxima, et dives viris doctis (Spania, tierra ancha y vasta, y con abundantes hombres sabios). En estos momentos es cuando el nombre de Hispania alterna ya con Spania.
Pablo Orosio (390-418) historiador, discípulo de San Agustín y autor de Historiae adversus paganus, la primera Historia Universal cristiana, comenta al referirse a la acción reprobable de un pretor: Universae Hispaniae propter Romanorum perditiam causa maximi tumultus fuit.
Para Orosio Hispania es una “tierra con una vida colectiva con valores propios”.
Con el tiempo, se comenzó a utilizar una forma secundaria de Hispania: Spania y de ahí se derivaría el nombre que conocemos hoy como España. Según cuenta San Isidoro, con la dominación de los visigodos se empieza a acariciar la idea de la unidad peninsular y se habla por primera vez de la madre España. Hasta la fecha se habían servido del nombre Hispania para designar todos los territorios de la península. En su obra Historia Gothorum, Suintila aparece como el primer rey de "totius Spaniae"; el prólogo de Historia Gothorum es el conocido De laude Spaniae (Acerca de la alabanza a España) y en él trata a España como nación goda.

LA ESPAÑA MUSULMANA
Con la invasión musulmana, el nombre de Spania o España se transformó en اسبانيا, Isbāniyā. Al comienzo del proceso reconquistador durante la alta Edad Media, no fue extraño que fuese designado con ese nombre (España o Spania) el territorio dominado por los musulmanes, por ocupar éste la gran mayoría del espacio de la Spania romano-goda. Así, Alfonso I el Batallador (1104-1134) dice en sus documentos que "él reina en Pamplona, Aragón, Sobrarbe y Ribagorza", y cuando en 1126 hace una expedición hasta Málaga nos dice que "fue a las tierras de España". Sin embargo, tampoco faltó la identificación temprana de España con la herencia previa a la invasión musulmana, como ocurre por ejemplo con el lamento por la “pérdida de España” que se puede encontrar en la Crónica Mozárabe o Crónica de 754 (en latín, Continuatio Hispanica), que muestra la continuidad de la idea de España anterior al 711.
El título de Imperator (totius) Hispaniae del latín, Emperador de (toda) España nació como término de la mano de los monarcas de León, al menos, en el siglo X. Fue usado esporádicamente en los dos siguientes siglos, según los reyes de la Iberia cristiana luchaban por la supremacía y por el imperiale culmen. Durante la Edad Media, el topónimo latino Hispania, sus deformaciones (como «Yspania» o «Spania») o cualquiera de sus versiones romances (como «España» u otras variantes gráficas, como «Espanna») se usaba, en singular o en plural, para referirse al total de la península ibérica.


En 1077 Alfonso VI, que unificó de nuevo la propiedad de su padre, se coronó «Imperator totius Hispaniae» y en 1135, Alfonso VII de León  también fue coronado «Imperator totius Hispaniae» en la Catedral de León. 
 Pero ya a partir de los últimos años del siglo XII se designa a toda la península, sea de musulmanes o de cristianos, con el nombre de España. Así se habla de los “cinco reinos de España”: León, Castilla, Navarra, Portugal y Aragón (cristianos), con el territorio bajo dominio musulmán como territorio de España que ha de ser reconquistado.

LA “MARCA HISPÁNICA” DE LOS CONDADOS “CATALANES”
Resulta tan irónico como cierto, pero el territorio español que ha tenido una denominación hispana más marcada ha sido Cataluña.

En el año 777 el Califa de Zaragoza, Solimán el Arabí, que se ve amenazado por el Emir Abderramán I que pretende apoderarse de Zaragoza, solicita el apoyo del rey franco, Carlomagno, a cambio de firmar un pacto de “marcar” los territorios Carolingios y los del imperio moro de Al-Andalus de Hispania. Con este pacto, Carlomagno ensancha sus dominios en Hispania (por ello la “Marca Hispánica”), en este lado de la cordillera Pirenaica, y a demás crear una serie de fortalezas militares con el fin de frenar el avance musulmán.

Aprovechando Carlomagno el pacto con el Califa Solimán el Arabí, conquista a los musulmanes las plazas de Gerona, Barcelona, Urgell, Besalú, Conflent, los Valles y así hasta nueve condados. Estos condados formaron la conocida como “Marca Hispánica” franco-carolingia y fue gobernada por Carlomagno y sus descendiente en la corona francesa desde el año 801 hasta que el rey de Francia, Luis IX, firmara el Tratado de Corbeil con el Rey de Aragón, Jaime I, en el año 1258, momento en que estos condados franceses (hoy Cataluña) que formaban la Marca Hispánica pasan a ser propiedad del Rey de Aragón.

Los profesores R. D’Abadal y F. Codera afirman que tras la combinación étnica creada en los Condados de la Marca Hispánica del 801, surgiría una combinación de cultura hispano-francesa y desarrollarían un mosaico de dialectos del Provenzal. El latín vulgarizado con alguna aportación árabe, mallorquina y valenciana, iba a recibir una aportación del provenzal que sería determinante en la configuración final de la lengua lemosina que se consolidaría como catalana con la “Renaixença” del siglo XIX, 4 siglos después del siglo de Oro de la Lengua Valenciana (siglo XV).

Es precisamente con nuestro conquistador, Jaime I, en 1258, veinte años después de la conquista de Valencia cuando Aragón incorpora a su reino los condados hispano-franceses  que hoy conocemos como Cataluña con la firma del referido Tratado de Corbeil con el Rey San Luis IX de Francia.  No existe documento alguno de los años 1200, 1210, 1235, 1258, 1300 etc, que aparezca documentada Cataluña como tal, ni como reino, nación o estado. En el propio tratado de Corbeil los condados catalano-franceses se describen individualmente cada uno de ellos sin que exista agrupación o estructura superior que pueda fundamentar otra realidad política.

La “corona” o “confederación catalano-aragonesa” es, pues, una mentira más del nacionalismo romántico y fantástico del siglo XIX que intenta sustentar sus sueños neocoloniales en figuras jurídicas y políticas que nunca existieron.

LA ESPAÑA TRASTÁMARA: LOS REYES CATÓLICOS
La historiografía española considera el reinado de los Reyes Católicos como la transición de la Edad Media a la Edad Moderna. Con su enlace matrimonial se unieron provisionalmente, en la dinastía de los Trastámara, dos coronas: la Corona de Castilla y la Corona de Aragón
El papa Inocencio VIII (1434-1492) habría sido el primero que impuso el nombre de "Reyes Católicos" a los esposos y reyes Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla tras la toma de Granada ya que en su tumba, ubicada en el Vaticano hay una inscripción en latín, en donde aparecen redactadas junto a otras sentencias, la siguiente: “regi hispaniarum catholici nomine imposito”.
El papa valenciano Alejandro VI (Rodrigo Borgia) (1431-1503), sucesor en el papado de Inocencio VIII, expidió la bula Inter caetera, el 4 de mayo de 1494, que formó parte de las Bulas Alejandrinas, dirigiéndose a los reyes con el título de "Reyes Católicos", y que sería nuevamente utilizado por el mismo pontífice en la bula Si convenit, expedida el 19 de diciembre de 1496 también con el nombre de “rey y reina de las Españas.

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